Madrid, como síntoma
La capital del caos que nos afecta a todos.
La situación sanitaria ha llegado a día de hoy a unas cifras inasumibles para ningún gobierno y muy perjudiciales para toda la población, pero Madrid es el peor ejemplo de toda Europa. A la capital y desde ella llegan miles de viajeros de toda Europa y de fuera de la Unión, pero sobre todo, la movilidad local entre otras comunidades hacia la capital, hace que el problema de Madrid nos afecte a todos. Y no es problema del tipo de vida de los inmigrantes ni culpa de los trabajadores que van a trabajar como bien pueden. Es problema de una gestión política que no ha contratado sanitarios suficientes, ni rastreadores suficientes y que no ha endurecido las medidas cuando debía, la segunda ola empezó en agosto y ahora llegan tarde.
Obviamente, las discrepancias políticas entre un gobierno nacional que lo hizo mal, sobre todo al principio, y un gobierno autonómico que lo está haciendo peor, sobre todo al final, están en el fondo de este asunto. Y obviamente, los primeros perjudicados somos sus votantes. Pero más allá de la confrontación política y de la necesidad de endurecer las condiciones de la capital, debemos preguntarnos si de verdad vale la pena que siga muriendo tanta gente por minimizar un impacto económico que obviamente y, tarde o temprano, va a dañar nuestra economía igualmente.
Esto también pasará, minimicemos el daño.
El virus será un mal recuerdo para finales de 2021, si todo va bien. Y la crisis económica también pasará, allá por 2023, si todo va bien. Pero ahora, que es cuando siguen muriendo decenas de personas cada día, es cuando es necesario sacrificar algo de horarios de apertura, aforos y aumentar el número de efectivos sanitarios, tanto en atención primaria como especialistas en los ámbitos más críticos, UCI’s, Urgencias, Geriatría, etc.
Parece que, cuando todos los implicados deberíamos pensar igual y remar en la misma dirección, la clase política se ha enzarzado en una pelea absurda y ha demostrado no estar a la altura. Y ello ha arrastrado a sus votantes, a politizar una crisis sanitaria que todavía hoy genera más odio y miedo que al principio de la pandemia.
La desinformación y la falta de rigor, los cambios de criterio y la falta de transparencia sobre quién asesoraba a los gobiernos (y bajo qué condiciones estábamos expuestos o no al virus) ha desconcertado a la población en cada momento. Todavía, a día de hoy tanto las informaciones de la comunidad científica llegan sesgadas y los medios de comunicación se han preocupado de fomentar el miedo más que de explicar cada faceta de la pandemia con rigor y con informaciones contrastadas.
Una sociedad ejemplar, en gran medida.
La sociedad, por su parte, arrastrada por la desinformación, por el exceso de información o por el miedo, ha podido capear el temporal con dignidad, en la mayor parte de los casos.
La gran mayoría de nosotros ha cumplido con las normas en cada momento y se ha sabido adaptar a una crisis social sin precedentes. Obviamente, ha habido casos para olvidar e irresponsabilidades que han costado vidas humanas y a las que difícilmente podrán exigirse responsabilidades futuras. Pero en general, la responsabilidad y conciencia de los ciudadanos ha sido ejemplar y debemos continuar en ese camino. Poder minimizar el daño en la salud de los grupos de riesgo gracias a unas cuantas normas básicas es lo mínimo, pero también es algo de lo que estar satisfechos…
Unos meses más y todo esto será tan solo una pesadilla… ¡Mucho ánimo!
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